Santo Toribio de Liébana





MIGUEL ÁNGEL TABORGA

Santo Toribio de Liébana es uno de los monasterios más emblemáticos de Cantabria. Se encuentra en el término municipal de Camaleño, a unos cinco kilómetros de la capital municipal y a tan solo dos de Potes, capital de toda la comarca.

Se trata de un antiquísimo monasterio, antes denominado San Martín de Turieno, cuya principal relevancia está en el hecho de guardar el Lignum Crucis, o reliquia de la Vera Cruz, que encierra uno de los mayores trozos que se conservan de la cruz de Cristo.

La fundación de este monasterio data al parecer de la época visigoda y se debió a un monje llamado Toribio, Santo Toribio de Palencia, que vino a misionar a las montañas de Cantabria, prácticamente aún paganas. Al parecer lo hizo en compañía de otros monjes, como Tolobedo, Synobio, Eusebio, Ensóstomo, y Yofazo.

Con motivo de la invasión árabe del 711, cabe pensar que algunos de los acogidos a las montañas de Cantabria, de los que habla la Crónica General, revitalizaran el viejo monasterio, y fue probablemente entonces cuando se trajo la reliquia de la Vera Cruz, que, según la tradición, había sido portada desde Jerusalén en el siglo V por Santo Toribio, obispo de Astorga, que nada tiene que ver con nuestro monje, solo el mismo nombre. De aquí parte probablemente la contaminación entre ambos Toribios, que se confunden frecuentemente en la tradición local.

Otro huésped notable de este monasterio fue el famoso San Beato de Liébana, que la tradición sitúa en este monasterio a finales del siglo VIII. Allí habría escrito sus "Comentarios al Apocalipsis", en el 776 y posiblemente sus otras obras.

Otro legado importante de Santo Toribio es su conocido "Cartulario", que comienza en el siglo VIII. Relata la historia del monasterio y de sus tierras y gentes, así como sus costumbres y métodos de vida. Es una fuente importante de estudio para historiadores y eruditos.

Desde el siglo XI la abadía estuvo en la regla de San Benito. En el siglo siguiente es citada con los nombres de San Martín o Santo Toribio, indistintamente, o con ambos a la vez. El cambio definitivo de advocación tradicional por el del fundador es un fenónemo que se produce en otros muchos monasterios españoles.

Posteriormente se creó al amparo del monasterio el hospital de San Lázaro, para dar cabida a los enfermos que llegaban con la pretensión de ser curados al contacto de sus cuerpos con La Vera Cruz. En el siglo XVI eran precisamente los enfermos mentales (endemoniados), los que recibían allí preferentemente sus favores. Junto al Lignum Crucis había una cadena que según se decía era también con la que llevaron atado a Cristo. Al contacto con ambas reliquias se producían los hechos milagrosos de curación. El Papa Julio II, en 1.512, concedió el jubileo para el santuario los años que la fiesta del Santo Toribio coincidiera en domingo. Esta concesión fue confirmada en el año siguiente por su sucesor León X.

En el siglo XVII fue restaurado el monasterio y se construyó el claustro en 1.669. A principios del XVIII se levantó la actual capilla del Lignum Crucis, al Norte de la Iglesia. Con la desamortización de 1.835 y la exclaustración de los benedictinos, el monasterio y sus iglesias entraron en una época de decadencia, pero no la devoción dentro de Liébana a Santo Toribio y sobre todo a la Vera Cruz.

En el año 1.957 el monasterio fue restaurado y en 1.961 pasó a depender de la orden de los Franciscanos, quienes lo ocupan en la actualidad, habiéndose ganado el respeto y el cariño de toda una comarca que desde siempre tuvo una enorme vocación por la Vera Cruz, y que la siente como algo muy suyo y excepcional.

El complejo monástico alrededor de Santo Toribio está formado por una serie de ermitas e iglesias, todas ellas en torno al monte La Viorna, presidido por una gran cruz visible desde muchos lugares del valle de Liébana. Entre estas ermitas cabe citar Santa Catalina, San Miguel y la Cueva Santa, esta última semirupestre, que se dice fue habitáculo del santo. De otras dos ermitas, como San Pedro y Nuestra Señora de los Ángeles, tan solo quedan algunos restos de los cimientos.

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