
MIGUEL ÁNGEL TABORGA
Los intrincados caminos de Cantabria, así como su sinuosa costa litoral, pueden proporcionar toda suerte de gratas sorpresas al viajero, que por más que lo intente, nunca llega conocerlo del todo. En nuestro caso particular, fueron unos amigos de Suances, quienes nos hablaron de Puerto Calderón, su historia y, sobre todo, su valor paisajístico. He de reconocer que quedé fascinado por cuanto allí pude observar. Se trata de un puerto natural excelente, con destacado calado, y al abrigo de las embestidas del mar, protegido por imponentes acantilados que el mar golpea sin cesar una y otra vez en su intento de ganar terreno a la costa y agrandar la hermosa ensenada.
Puerto Calderón, origen del apellido cántabro Calderón, es uno de esos lugares poco conocidos por encontrarse muy apartado, casi oculto, y fuera de cualquier ruta. Sus accesos, por ambos lados de la ensenada, se reducen a caminos rurales de Concentración Parcelaria, en buen estado, aunque carentes de asfalto.
Al parecer la historia de este puerto natural, según cuenta la tradición oral, ya que no hemos encontrado documentación escrita sobre ello, se remonta a la época de la dominación romana, donde ya era utilizado como puerto. En realidad es fácil suponer, que dadas sus características naturales de abrigo, haya sido siempre utilizado con este fin desde que el hombre iniciara su gran aventura de la navegación marítima.

Su historia más reciente se refiere a la actividad minera, ya que era punto de embarque del mineral de explotaciones próximas. Aún son visibles los restos del sistema de poleas y ascensores para descender el mineral hasta el agua. Por otro lado, el monte que cierra el puerto por el Este, se encuentra perforado por varias galerías de minas abandonadas, algunas de cuyas bocas han sido tapiadas, dado el alto riesgo que existe si se penetra en ellas, debido sobre todo a las profundas simas que albergan.
Puerto Calderón se ubica entre la playa de Santa Justa (Ubiarco), a la altura de Santillana del Mar, y la Punta de Carrastrada, a la altura de Novales. Para contemplar el puerto es necesario acercarse hasta la misma línea litoral. Se puede hacer por ambos lados de la ensenada. Nosotros aconsejamos la siguiente ruta para visitar el entorno, de gran belleza en todo su recorrido.
En Ubiarco, de la ermita de San Roque a orillas de la carretera, parte un camino que se interna en el núcleo rural, lo atraviesa y luego deriva en camino rural que se aproxima a la línea de costa, a través de praderas naturales cuyo verdor contrasta con el azul intenso del cercano mar. Una vez allí, el paisaje se presenta espléndido. Hasta llegar al puerto se contemplará una serie acantilados de gran belleza, con roquedos de formas fantásticas e imponentes y pequeñas ensenadas aún más bellas.
Pronto se alcanza la denominada "Cabaña del tío Germán", semiderruida, junto a la pequeña ensenada de la Jerosa, donde se dan cita numerosos pescadores deportivos. Más adelante se asciende a un alto y el camino se bifurca. El principal gira bruscamente a la izquierda y continúa la ascensión, en tanto que un pequeño ramal, de frente, nos conducirá en poco tiempo hasta el antiguo cargadero de mineral de Puerto Calderón. Tendremos aún que asomarnos al abismo, con la debida precaución, para contemplar en todo su esplendor y por vez primera, la ensenada a nuestros pies y el espectacular circo de acantilados que la protegen, presididos por la Punta del Calderón, gran roca que se interna en el mar y sirve de cierre natural al puerto.
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Numerosas gaviotas sobrevuelan el lugar y observando un gran cormorán meciéndose sobre las recogidas aguas, en el mismo centro de la ensenada, recordamos otra historia que ha llegado a nosotros también de forma verbal. Al parecer, este lugar fue utilizado por submarinos alemanes en la II Guerra Mundial, como punto estratégico y camuflado de abastecimiento, evitando así arribar a puertos más grandes donde era más fácil ser detectados.
Para acercarse al flanco Oeste de Puerto Calderón, habremos de regresar a Ubiarco, y de allí ascender a Monte Alegre para tomar la carretera provincial que une Barreda y Comillas. Parada obligada es el mirador de Ubiarco, donde la vista se extiende a través del valle y costa, siendo visible hasta la isla Conejera, en Miengo. A la altura de Oreña, y pasados unos 50 metros el hotel que lleva el mismo nombre de nuestro punto de destino, nos desviaremos hacía la derecha, al barrio de Bárcena, que cruzaremos y bordeando el monte Coterón enseguida llegaremos a divisar nuevamente desde un alto y en su lado Puerto Calderón y los restos del antiguo muelle de carga.
No hemos encontrado documentación sobre la fauna existente en el lugar, aunque es fácil suponer la presencia de una rica población de peces de litoral, de los denominados de roca, así como otras especies características de este medio, como percebes, lapas, pulpos, etc...
La vegetación inmediata, queda reducida a una hermosa y rica pradera natural aprovechada como pasto para el ganado vacuno. Nos llamó la atención en el camino de Ubiarco, el gran desarrollo alcanzado por la planta de litoral conocida popularmente como diente o garra de león (Mesembriatemon acinaciformes), cuyas bellas, grandes y llamativas flores púrpuras no pasan desapercibidas en primavera.
Puerto Calderón es un entorno con valor histórico, ecológico y paisajístico, digno de ser visitado y promocionado, que sorprenderá gratamente al igual que sus accesos, especialmente por Ubiarco, que permiten un precioso paseo a orillas del mar, por una intrincada y abrupta costa que ofrece innumerables estampas naturales de gran belleza.



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