
MIGUEL ÁNGEL TABORGA
Paisaje mítico y mágico en la sierra cántabra. Pastizal de alta montaña por excelencia donde la riqueza del oro verde, que diría el inolvidable escritor cabuérnigo Manuel Llano, se junta con una inmensa riqueza natural, formada a lo largo de miles de siglos y que se presenta ante nosotros de una forma deslumbrante, derrochando belleza en cualquier rincón donde nuestra mirada se pose, ya sea en las cristalinas aguas del río Cobra o en las imponentes moles de conglomerados pétreos, en ocasiones sostenidos en mínimas plataformas erosionadas. O bien ya sea sobre la cumbre del fascinante Iján, donde la blanca niebla juguetea creando curiosas formas en el inmaculado horizonte azul.
Los Cantros de la Borrica es un lugar que se ubica en el centro del Puerto de Sejos. Sobre una ladera de pastizal, con escasa pendiente, han quedado al descubierto numerosas formaciones de grandes conglomerados, formados en el periódo Triásico, que confieren al paisaje en esa zona un encanto especial. Algunas de estas rocas alcanzan un tamaño considerable, sobre todo dos, en cuyos lados se encuentran las únicas construcciones que consisten en un encerradero de animales y el pequeño refugio de montaña.

Otras rocas presentan una curiosa forma plana, a modo de inmenso altar que se encuentran sostenidas sobre bases de mucho menor tamaño, lo que las confiere un aspecto de monumentos religiosos de culturas primitivas. Sin embargo no lo son, ya que todo es producto de la acción del tiempo, que lentamente ha ido erosionando estas bases de materiales más blandos que el conglomerado de rocas, fuertemente cementadas, que sostienen, lo que se denomina ‘erosión deieferncial’. Cuenta la tradición que incluso algunas de estas inmensas moles pétreas se las podía hacer bascular con pequeño esfuerzo hasta hace poco tiempo en que se asentaron definitivamente, por ahora.
Acceder a los Cantos de la Borrica no es tarea fácil, ya que al encontrarse dentro de los límites del Parque Natural Saja-Besaya, la circulación de vehículos a motor se encuentra restringida a usos ganaderos y de gestión del monte exclusivamente. Por lo tanto será necesario efectuar a pie, caballería o bici de montaña, los 15 kilómetros de pista que separan el lugar de la carretera del puerto de Palombera, donde se ubica la entrada más conocida, situada concretamente junto a las ruinas de una antigua casa de peones camineros, a la derecha en dirección Reinosa.
En ese lugar la pista se adentra en un hermoso bosque de hayas, donde existe abundante acebo, avellano y escobas. Es la zona de bosque inferior al extraordinario pastizal de Sejos que se encuentra en altitudes superiores, y que es la mayor finca cerrada de Cantabria dedicada a estos usos.

La Fauna existente en estos parajes es la misma descrita en otras rutas del Parque Natural Saja-Besaya. La más representativa está compuesta por jabalí, venado y corzo, sin olvidar el oso pardo, que a pesar del escaso número de ejemplares que visitan Cantabria, puede hacer alguna incursión en estos montes. Y cómo no, el lobo ibérico, objeto de tantas leyendas, temido por ganaderos, ante los graves destrozos que puede causar entre sus rebaños. Defendido por naturalistas y ecologistas, y buena parte de la sociedad moderna, y controlado finalmente por las autoridades, en la siempre difícil tarea de conservar la especie y defender al mismo tiempo los legítimos intereses de quienes tienen en el ganado todo o gran parte de su patrimonio.
Existen en toda la zona numerosas aves que pueblan contínuamente los cielos del parque. Como más representativas se pueden citar a la sorda o becada, que llega en los meses otoñales, águila real, y el urogallo, especie en peligro de extinción que realiza su cortejo nupcial en determinadas áreas del bosque denominadas "cantaderos". Emite un canto singular, cada vez más difícil de escuchar.

Mención especial en Los Cantos de la Borrica puede hacerse del refugio allí levantado para cobijo de pastores, sarrujanes, montañeros y caminantes, y de cualquier alma que hasta aquellas latitudes desee acercarse. De construcción sencilla pero hermosa, se encuentra abierto todo el año y dotado normalmente de suficientes víveres y enseres para ofrecer refugio improvisado al caminante, que deberá al menos aportar a su marcha víveres por el mismo valor que los utilizados, reponer la leña empleada y naturalmente limpiar la instalación que tan generosamente otros le ofrecieron. Existía en su interior, al menos cuando lo visitamos, una libreta, "El diario de los Cantos", donde cada cual puede dejar su recuerdo, y contar a los próximos visitantes sus impresiones y recuerdos de lugar tan bello y singular. Así lo hicimos a nuestra partida.
El paisaje que rodea Los Cantos de la Borrica es espectacular y hermoso. Por el Sur se levanta majestuoso el pico Iján, que con sus 2.064 metros preside el lugar y la Sierra de Isar, de la que es su mayor altura. Los cauces fluviales con identidad propia son los ríos Diablo y Cobra, que junto con el Cambillas, vierten al Saja aguas abajo. Todo el puerto de Sejos, y especialmente Los Cantos de la Borrica es un entorno natural de primer orden digno de ser visitado con detenimiento. Es por sí mismo una joya natural, hoy protegida bajo la figura de Parque Natural, donde a la vista no se la concede descanso alguno, ansiosa de escudriñar cada rincón, loma, roca o umbría del bosque que le precede, mientras el espíritu, como tantas veces en la montaña cántabra, se siente más libre, en paz consigo mismo. Uno allí se siente como lo que es, un eslabón más de esa maravillosa cadena llamada Naturaleza.



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