
MIGUEL ÁNGEL TABORGA
Luce un tenue "sol de brujas" en el monte, como decía Manuel Llano. El sol de brujas es ese sol resplandeciente que sale en el monte inmediatamente después de un fuerte aguacero, cuando las gotas de agua brillan como perlas relucientes colgadas y temblorosas aún de ramas y hojas en un follaje que se resiste a la caída inevitable por la acción del frío que no tardará en llegar. Es mediado del Otoño, una estación mágica en el monte que poco a poco va cambiando sus brillantes colores verdes del verano por otros más pálidos. Ocres y amarillos sustituyen al verde que apenas permanece en las brañas desarboladas mientras el sotobosque se va cubriendo de una fina alfombra de hojas muertas que, con su crujir, contribuye a detectar la cercana presencia de los venados, protagonistas indiscutibles de nuestros bosques.
En esta época del año (septiembre a octubre) tiene lugar en los bosques de Cantabria un extraordinario espectáculo que, bajo el nombre de "la berrea", marca la época del celo de estos gráciles animales. En las zonas más recónditas del bosque se sucede todo un ritual de amor marcado por la lucha entre machos, en su proceso natural de selección de la especie. Sólo el más fuerte se hará el dueño y señor del harén de hembras con las que se apareará. El reclamo de los fuertes bramidos, similares al de los grandes toros, y sobre todo el espeluznante sonido de las luchas, eriza el pelo a cualquiera que a estas latitudes desee acercarse para contemplar, o al menos escuchar, uno de los espectáculos más bellos que nos proporciona la naturaleza. Las precauciones a tomar deben ser minuciosas con dos finalidades bien distintas. De un lado cuidarse de la agresividad que los machos experimentan, ya que consideran rivales a todo aquello que se mueva cerca del rebaño de hembras por las que compite, sea persona, animal o máquina; y de otro, debe respetarse siempre el proceso natural de reproducción de la especie, sin interferir en ello.
La brama, que se produce sin cesar, alcanza su mayor intensidad durante la noche. Comienza varias horas antes de ponerse el sol y no cesará hasta el amanecer del día siguiente, a veces hasta media mañana, aunque en este caso cada vez serán más débiles. El concierto de bramidos se convierte en una bella sinfonía de amor que puede oírse a considerable distancia de donde está transcurriendo la velada amorosa. El ruido de los bramidos se mezclará con otros más secos, derivados de las violentas luchas que se producirán entre los machos por el amor de sus congéneres hembras. Estas batallas pueden durar hasta horas, ocurriendo a veces que los machos más débiles resulten heridos o con algunas de sus cuernas rotas. En ocasiones, puede ocurrir también como resultado de estas luchas, que dos venados queden trabados por sus cuernas y lleguen incluso a morir de inanición ante la imposibilidad de separarse, al quedar entrecruzadas las cuernas. Las hembras contemplarán el espectáculo de manera pasiva, conocedoras de antemano que serán propiedad exclusiva del macho vencedor.

El objetivo final se verá cumplido con el apareamiento de todas las hembras del rebaño. De esta forma el macho verá satisfecho su voraz apetito sexual y contribuirá a cumplir con el ciclo reproductor. En ese momento el macho se volverá agresivo y muy peligroso y defenderá a su rebaño de hembras de forma decidida y con la violencia que sea precisa. Además no permitirá que ninguna de ellas se distancie ni por un momento del grupo. Pasados unos días, un nuevo macho se acercará al harén e intentará aparearse con alguna de las hembras por lo que se producirá una nueva pelea. El macho dueño luchará como un poseso para mantener su posición de dominante del rebaño. Puede ocurrir que siendo macho dominante y fuerte en su constitución y armadura, resulte viejo para las prácticas sexuales, por lo que no podrá cubrir a las hembras pero tampoco permitirá que lo hagan otros más jóvenes. Por ello, no debe censurarse la caza de estos machos, ya que su eliminación contribuye a la selección y proliferación de la especie, ya que a pesar de su esbelta figura han concluido su ciclo útil.
Llegará un año, en el que el macho dominante se empezará a resentir en sus fuerzas y aparecerá un nuevo ciervo más joven, más vigoroso y quizás mejor armado, con su poderosa cuerna intacta. Lucharán y vencerá al hasta entonces rey del rebaño. El macho vencido continuará entonces su vida en solitario. De esta forma, se producirá en determinados lugares del monte varias semanas de amor y lucha, cuyos sonidos romperán por un tiempo la tranquilidad habitual del monte. Es lo que se conoce con el nombre de época de "la berrea".
En Cantabria el venado se encuentra presente en casi todos los montes de frondosas. Especialmente en la Reserva Nacional de Caza Saja, la mayor de España, donde habitan un considerable número de ejemplares de esta especie, que fue reintroducida en el año 1.949, con individuos procedentes de los montes de Toledo y Jaén, los cuales se aclimataron bien y en la actualidad ocupan extensos territorios. El Parque Natural Saja-Besaya, en plena Reserva Nacional, y dentro de él, la ermita del Moral o Sejos, son puntos de cita destacados para curiosos que desean contemplar este espectáculo natural sin parangón. En este punto se debe recordar la prohibición expresa de circular con vehículos de motor por las pistas del parque y respetar el Reglamento de Uso y Gestión de forma escrupulosa, especialmente en lo que hace referencia a evitar molestar a la fauna silvestre en sus ciclo reproductor.

Un viejo y entrañable amigo mío, Jesús Celada Vallespín, veterinario de profesión y experto cazador, es un perfecto conocedor del mundo que rodea a la fauna silvestre de Cantabria y desde luego de la atractiva mezcla de fuerza y placer que rodea el mundo del ciervo en la berrea. Director del Parque de la Naturaleza de Cabárceno en sus primeros años, guarda en su recuerdo innumerables anécdotas del comportamiento agresivo de los venados machos en esta época de celo. El mismo sufrió un fuerte revolcón que le propinó un macho al que pretendía curar una pata de la que cojeaba, pero claro, el animal no conocía sus buenas intenciones y le tomó por un intruso. En otra ocasión tuvo que sufrir la demanda de un visitante que, actuando de forma imprudente, se apeó de su coche y fue atacado por otro macho que le causó desgarros en su ropa e importantes deperfectos en su automóvil. Además recuerda, como un guarda de seguridad del recinto tuvo que acelerar al máximo su motocicleta para huir, "por los pelos", del ataque de un macho irritado con su presencia cerca de "sus hembras".
El venado
Se trata de un mamífero artidáctilo rumiante, conocido con el nombre de venado o ciervo, según las zonas de España. Se extiende por toda Europa y son más de veinte el número de especies de ciervos que pueblan todo el mundo. La especie que podemos contemplar en nuestros montes es la "Cervus elafhus". Se trata de una especie cinegética muy cotizada por los cazadores debido a su espectacular y bella cuerna. Todo cazador que se precie ha abatido un venado o desea hacerlo. F. Roselló, uno de los pocos cazadores profesionales que existen en España, y con unos amplios conocimientos y experiencia sobrada acumulada a lo largo de su vida, contaba en una ocasión como fue la caza del "venado de su vida", como él mismo lo llamó. Se encontraba en la Sierra de Gredos un día despejado dispuesto a cazar con toda su ilusión una buena pieza. Llegó a su puesto y preparó su arma. Casi de inmediato observó frente a él, a escasa distancia al mejor venado que nunca jamás había visto. Se trataba de un medalla de oro sin duda, con una cuerna monumental, perfecta, simétrica, majestuosa. Parecía tranquilo y que no había detectado su presencia. Roselló se quedó boquiabierto, contemplando embobado al animal, y buscando el mejor momento para abatirlo. Pero el tiempo jugaba en su contra y una niebla espesa comenzó a bajar de la cumbre hasta tapar el lugar donde se encontraba el gran macho. Al cabo de un rato la niebla de disipó de nuevo y allí estaba aún, como esperándolo, desafiando su propio futuro. De nuevo la niebla bajó y así varias veces. El cazador ni siquiera se atrevió a comer el "taco", no se movió. La ocasión lo merecía sin dudas. Así pasó la mañana y parte de la tarde, esperando el momento, hasta que por miedo a que cayera la noche, se decidió, a pesar de la niebla, a salir de su escondrijo con sumo cuidado, rodear el lugar y dirigirse por detrás hasta el animal. Cuando llegó hasta donde había estado el venado toda la mañana, el "venado de su vida", lo encontró inmóvil, con su cornamenta de oro sobre unas rocas, formada por la sombra de unas ramas próximas. El venado de su vida, el que se había estado imaginando toda la mañana como el animal más hermoso que nunca había visto, era solo eso, unas sombras en su imaginación.
Este mamífero de cuerpo robusto y a la vez esbelto, presenta una ligera cabeza ancha con frente plana, las orejas largas y puntiagudas y el hocico delgado. Tiene patas altas, delgadas y una cola muy corta, aproximadamente de quince centímetros. Es muy ágil. Su pelaje es fino y frondoso, pero corto a la vez, y de tonalidad variable según el ejemplar, la estación del año y la edad. Su característica morfológica más destacada es la cornamenta, compuesta por dos cuernas largas y grandes, hacia arriba, divergentes y ramificadas con una pequeña protuberancia en la base que es la continuación del hueso frontal. Constituyen las poderosas armas de defensa y ataque.
Los ciervos alcanza una longevidad de entre diecisiete y veinte años de vida, aunque su declive comenzará a los quince o dieciséis. En cuanto a sus sentidos, se encuentran muy desarrollados el oído y el olfato, que le advertirán a gran distancia de la presencia de intrusos, sin embargo no tiene excesivamente desarrollada su visión. Su carácter es tímido, huidizo, arisco y desconfiado si se encuentra en zonas donde se le persigue o molesta, si no es así, llega a hacerse quizás demasiado confiado y resulta relativamente fácil acercarse a él. Tiene un andar grácil y ligero, siendo veloz cuando corre, ya que puede alcanzar los cuarenta kilómetros a la hora. También son muy buenos nadadores y pueden atravesar ríos y arroyos sin ninguna dificultad.

Hábitat y costumbres
Ocupa terrenos generalmente muy cerrados, grandes bosques, y rara vez se le puede observar en terrenos de monte bajo. Al contrario de otros cuadrúpedos no tiene querencia a la roca. De esta manera, delatar su presencia es tarea muy difícil. Unida esta circunstancia a su carácter esquivo y huidizo por su timidez, resulta francamente difícil su observación. Los cazadores saben bien esta circunstancia y cuando intentan su captura, además de contar con una buena jauría de perros bien adiestrada, es prácticamente imprescindible contar además con los consejos y la compañía de los guardamontes en sus cacerías, exclusivos conocedores del paradero y querencias de estos animales. Vive generalmente en manadas más o menos numerosas. Los ejemplares de cada grupo serán por regla general del mismo sexo y de edad similar. En cambio los machos viejos suelen vivir solitarios o si acaso en pequeños grupos en los que puede haber algunas hembras y algunos machos jóvenes, moviéndose generalmente alrededor del grupo de las hembras.
En las manadas de las hembras, denominadas en la jerga de los cazadores "pepas", "mochas", "señoritas", "orejúas", entre otros nombres, tienen cabida los ejemplares más jóvenes de ambos sexos y la hembra más vieja del grupo se convierte en líder del mismo y dirige el rebaño, siendo la encargada de organizar los desplazamientos, los descensos y las comidas. Los machos solo sienten interés por las hembras durante la época de la berrea, normalmente viven en solitario o en pequeños grupos de machos. Suelen habitar toda su larga vida en las mismas zonas, únicamente se desplazan de sus lugares habituales dependiendo de la estación del año. Así en verano permanecerán en las umbrías y lugares frescos del monte y en invierno buscarán solanas y áreas más cálidas, huyendo sobre todo de zonas de frecuentes nevadas, elemento ante el que siente desprotegidos.
Su vida es muy tranquila excepto en la época de la berrea. Durante el día se encaman y aprovechan la noche para buscar brañas donde pacer. En cuanto a su dieta, es conocido que el venado es un mamífero fitófago, por lo tanto solo se alimenta de masa vegetal como, hierba, plantas, hojas, frutos de los árboles, etc...También aprovechan los sembrados de los hombres en busca de productos cultivados, lo que puede reprensentar algún que otro disgusto para las gentes del medio rural, a pesar de las indemnizaciones por daños causados por la caza a que tienen derecho.
Cuerna
Existe un extendido error en relación con la cuerna de los venados, en el sentido de fijar su edad por el número de puntas que presenta. Esto es un error ya que en la formación de la misma intervienen numerosos factores. Aproximadamente a los ocho meses de vida se comienza a desarrollar en el cráneo del joven cervato los pivotes en los que se apoyarán las cuernas. Al año de edad empieza a crecer la primera cuerna, caracterizada sobre todo por la casi total ausencia de roseta. A finales de agosto o septiembre, con bastante retraso respecto de ejemplares mayores, alcanza su pleno desarrollo. Luce entonces un pitón a cada lado, generalmente liso, recto y bastante vertical, de longitud variable. Se dice entonces del venado que está en su primera cabeza. Un ciervo macho alcanza a los seis años su pleno desarrollo corporal, aunque las cuernas en cambio siguen creciendo en años sucesivos.
La cuerna de los venados luce todo su esplendor entre los meses de agosto a marzo. En abril la cuerna comienza el proceso de desprendimiento mediante la aparición de un anillo blanquecino bajo la roseta. Esto delata la formación del anillo de separación o disyunción. Debido a un movimiento brusco o a un golpe, una de las cuernas cae. En los individuos muy desarrollados, la ausencia de una sola cuerna les provoca una sensación muy incómoda, de desequilibrio, por lo que el animal intentará deshacerse de la otra de manera rápida. Por ello es frecuente encontrar en el monte parejas de cuernas relativamente cercanas si éstas están muy desarrolladas, en tanto que en ejemplares jóvenes, la pérdida de la segunda puede ocurrir a una considerable distancia.
El venado o ciervo seguirá campando por nuestros montes y también por el resto de los de España y Europa. La berrea seguirá siendo uno de los más atractivos espectáculos que proporciona la naturaleza. En la Braña del Moral, numerosos cazadores y curiosos continuarán dándose cita en el otoño. La vida silvestre seguirá su curso en el monte entre bramidos y luchas por la posesión de las hembras. Todo ello es la naturaleza que esconde en su seno comportamientos y pautas tan singulares y hermosas como la berrea.

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