2ª.- Braña de los Tejos




M.A. TABORGA



Todo parece sacado de un cuento de hadas. Nada sobra o falta, formando un cuadro paisajístico que raya con la perfección, especialmente en primavera. Un profundo respeto hacia el lugar se adueña pronto del hombre, que se siente intruso. Hasta pisamos con cuidado la fina capa de hierba que alfombra la braña, como si de un lugar sagrado se tratara. Tejos centenarios esparcidos por la sierra, sobre las rocas, incrustando en ellas sus poderosos y retorcidos troncos y raíces. Rocas que semejan altares, como si de rendirlos culto se tratara. En un coqueto rincón, flanqueados de acebos, los tejos forman un pequeño bosque de belleza extraordinaria. Sus bajas ramas colgantes, de un verde oscuro casi negro, obligan a inclinarse para poder caminar entre sus acanalados troncos, como si de rendirlos vasallaje ahora se tratara. Encanto fantástico en lo más alto de la sierra, en la Braña de los Tejos, su reino natural, donde la naturaleza puso su obra magistral tocada sin duda por el dedo de los dioses. Desparramada belleza en el entorno, del que uno queda fascinado, deslumbrado, y hasta su corazón se vuelve un poco infantil, creyendo ver por un instante la fugaz aparición del viejo nogmo guardián del bosque que se esconde vigilante detrás del tejo centenario, cargado de historia para el indomable pueblo cántabro.

Nos encontramos en la sierra de Peña Sagra, concretamente en el monte Cascuerres, en el extremo norte de la misma. La vista desde aquí es inmensa y se desliza hasta horizontes lejanos, sin apenas obstáculos por sus 360 grados. Al norte se divisa la inmensidad del mar Cantábrico, y la silueta inconfundible de sus pueblos costeros como San Vicente de la Barquera y Comillas, en la lejanía. Por el Sur, la sierra de Peña Sagra, con su altura principal presidiéndolo todo, el Cuernón, o Cornión, de 2.042 m. de altitud. Al Oeste, el valle de Liébana, y la Cordillera Cantábrica al fondo, donde se dibujan en el cielo características siluetas de alturas colosales, como Peña Prieta y Curavacas. Por el Oeste, la majestuoso mole caliza de los Picos de Europa y ante ellos, a tiro de piedra, Peña La Ventosa, puerta sur del desfiladero de la Hermida. Vista panorámica excepcional que hace de este lugar uno de los balcones privilegiados de Cantabria.


Para acceder a estos parajes, podemos hacerlo por Peñarrubia o por Cillorigo de Liébana. En esta ocasión lo haremos por este último,a través de una pista forestal que inicia su ascensión en el pintoresco pueblo lebaniego de San Pedro de Bedoya, con un recorrido aproximado de 6 km. hasta la cumbre. En su inicio, castaños centenarios con troncos de hasta 5 metros de cuerda (diámetro), presagian la riqueza forestal y ecológica que encierra la sierra. El inicio discurre junto al río Bedoya, donde comienza el hayedo a la derecha y el robledal, por donde subiremos enseguida, a la izquierda. Con un brusco giro, la pista se interna en el robledal y encara su ascensión con rampas de fuerte pendiente. Hacia la mitad de la ascensión, una minúscula ermita junto a una fuente al borde del camino, erigida en honor del Sagrado Corazón de Jesús, habla del sentir religioso del pueblo lebaniego. El acebo, muy abundante, estará presente en toda la ascensión invadiendo el sotobosque del magnífico robledal que se prolongará hasta alcanzar el primer collado, Taruei.

Collado Taruei está formado por una braña en la que se asienta un refugio ganadero y una fuente abrevadero, que mana a borbotones las finísimas y heladas aguas recogidas ladera arriba. Desde esta primera planicie se divisa ya una espléndida vista. Pero lo más hermoso aún falta por llegar.

La ascensión se hace entonces muy suave y la pista se adentra en un extraordinario bosque de hayas, donde follaje, madera y luz, protagonizan una visión mágica. El bosque se extiende por la planicie que separa los collados Taruei y Pasaneo. Una espesa alfombra de hojas secas y la total ausencia de vegetación en el suelo, indican la tupida sombra que proporcionan estos árboles en épocas más cálidas. Sus curiosas y caprichosas formas, unido a lo semi-llano del terreno, confieren a este hayedo una singularidad especial, por donde resulta una delicia caminar.

Por fin, el collado Pasaneo, presidido por una charca de pequeñas dimensiones, junto a la boca de una mina abandonada que añade misterio y leyenda al lugar; y los tejos, mágicos y míticos, protagonistas de excepción en culturas milenarias. Venerados como símbolos de vida eterna en los patios de las iglesias, donde eran plantados por los misioneros. Reliquias botánicas vivientes en medio de una naturaleza generosa. Braña que se viste de silvestres flores en la primavera, entre las que destaca la elegante orquídea, en una explosión de color y vida extraordinaria.

Pequeñas cuevas y simas añaden misterio y belleza al entorno. Son seguro refugio a parte de las abundantes especies animales que pueblan la sierra de Peña Sagra, entre las que destaca el rebeco, que mantiene en ella una población estable. Otros animales característicos del bosque lebaniego tienen aquí su mayor o menor representación, como el jabalí, venado, corzo, y otros mamíferos de menor tamaño como el gato montés, ardilla, y liebre. El lobo ibérico hace acto de presencia esporádicamente, cada vez en menor número por estos parajes, en tanto que el oso pardo se encuentra en lenta recuperación.

El azul intenso y limpio cielo de Peña Sagra se ve cruzado por las aves de las alturas, como águila, halcón, buitre, sorda, perdiz ,urogallo, lechuza, búho, etc... Especies todas ellas que encuentran en esta sierra, como en el resto de montes lebaniegos, su hábitat preferido, alejado y protegido por la altura de la civilización humana.

La Braña de los Tejos es uno de esos lugares que no se imaginan hasta que se comprueba su existencia, y que constituyen magníficos exponentes de la belleza de la naturaleza. Entornos mágicos de incalculable valor ecológico, que por fortuna permanecen inalterables a lo largo del tiempo, donde arrancar una simple hierba supondría un sacrilegio imperdonable. Donde el respeto por lo natural ha de ser extremo.





1 comentario:

  1. Conozco parte de esta ruta, pero tal como la describes, creo que este verano voy a volver.. e intentaré fotografiar esos castaños centenarios, son impresionantes.

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